"El rol de nuestras organizaciones es de coalición y apoyo a la resistencia. Nos han dado y respetado el espacio que tenemos en cada una de las áreas de la resistencia. Hay mucha gente de la diversidad en áreas del feminismo acompañando la lucha del Instituto Nacional de la Mujer y protegiendo intereses políticos sumamente imperativos para nuestra legislación —ahí están las lesbianas—, en áreas de las artes —ahí están artistas de la diversidad. Y l@s trans tratamos de hacer nuestra colaboración, ya sea de manera independiente como agrupándonos en la causa." Así describe Gabrie Mass la participación activa de los colectivos Lgbtti en la resistencia al golpe de Estado que ya cumplió un mes en Honduras. Es que la violencia y la represión contra las personas que integran estos colectivos se ha recrudecido en estos más de treinta días pasados desde el 28 de junio, merced a un gobierno de facto que ha contado con el apoyo del fundamentalismo religioso a través del Opus Dei, la Confraternidad de Iglesias Evangélicas y sectores de la comunidad judía. "La prioridad es defender la constitucionalidad en nuestro país. Estamos permanentemente diseñando estrategias para que la resistencia y la protesta se hagan visibles en el resto del mundo, porque nuestra situación es extremadamente peligrosa, el hostigamiento militar es permanente." Ya la poeta feminista Melissa Cardoza había advertido no sólo sobre el imaginario que intentan construir los sectores golpistas: "Tienen una actitud inquisitorial contra la libertad y diversidad sexual y la autonomía del cuerpo. Para que se vea en qué términos plantean la discusión, el lema del golpe es 'porque los buenos somos más'. Se trata de una cuestión de moral cristiana". Este imaginario moral ha sido una constante en Latinoamérica cada vez que se amenazó o se amenaza el orden constitucional, aun cuando se han necesitado años de recuperación de la verdad para hacer visibles los crímenes de Estado contra la comunidad Lgbtti. La organización, esta vez, lanza comunicaciones urgentes por los medios al alcance. Las cartas que han llegado a Soy son un modo de hacer visibles estas víctimas con su nombre y su apellido, apenas la punta del iceberg de cada historia particular, que seguramente no es nueva —desde 2004 hasta ahora se han denunciado al menos 20 homicidios impunes de personas trans—, pero que recrudece merced a la violencia y el autoritarismo que, por la fuerza militar, se ha convertido en ley en Honduras. Y que es necesario seguir denunciando por todos los medios posibles.
Hace unos años di una clase de tango a dos norteamericanas llamadas Karen y Chelsy. Eran pareja. Una venía de pollera y la otra de pantalón. Fueron claras de entrada: la de pollera quería ser siempre guiada por la de pantalón, y viceversa. Yo contesté "como quieran" y empezamos la clase. Ahí nomás comenzaron a pelearse. Que si la de pollera ponía el pie así o que si lo ponía asá. Me dije: "La de pantalón está tomando todas las atribuciones del rol de conductor, voy a ir en rescate de la de pollera". Y entonces intervine: "¿Por qué no cambian un ratito los roles?". Ellas, que estaban en plena batalla, me miraron furiosas y, aunque de mala gana, accedieron. Fue un desastre. La de pantalón burlaba a la de pollera y la de pollera hacía que temblaba. Yo empecé a sufrir, la clase recién empezaba. No había forma de componer la escena. Nunca me había pasado algo igual. Por lo general toman clases parejas en pleno romance o antiguas parejas que aprendieron con el tiempo a cooperar unx con otrx, y hacia el final de la hora, y dependiendo de las aptitudes de cada cual, suelen terminar bailando algunos pasos juntxs y en armonía. No alcanzaba a explicarme qué estaba sucediendo. De pronto la de pollera, como si estuviera viviendo una realidad paralela, me dijo que les estaba encantando la clase. "This is amazing!", exclamó. Pero si la de pantalón daba un paso a la derecha, ella le pisaba el pie y se iba para el otro lado, y en cuanto ella aflojaba un brazo, la otra le apretaba el dedo y se lo tironeaba para arriba. Era francamente desconcertante. Me puse a idear consignas que sirvieran para sintonizar los cuerpos. Pero nada, la cosa iba de mal en peor, estaban completamente desarticuladas y me habían elegido como testigo. Sugerí detener la clase, pero ellas insistieron en seguir. Pronto había advertido que la de pollera era la que tomaba las decisiones en la pareja e instantáneamente me había apiadado de la de pantalón. Pero en realidad no entendía nada. ¡No habían conseguido dar un solo paso juntas! Por un momento creí que se odiaban. Primero me sentí frustrada como profesora, pero después me enojé. "Son ellas las que deberían poner un poco de voluntad", pensé. Por fin terminó la clase. Me apresuré a salir de la sala. Estaba segura de que las chicas se acababan de conocer y que la cosa no iba a funcionar. "No es mi problema", decidí y me abalancé hacia el pasillo. De pronto, Chelsy me frenó, me abrazó y me dijo que estaba muy emocionada (yo abrí grandes los ojos), Karen miraba para abajo y sonreía dulcemente. Chelsy me contó, para mi estupor, que estaban juntas hacía quince años y casadas hacía cinco, y que este viaje era como una "segunda luna de miel"; siempre habían querido aprender a bailar tango, así que acababan de cumplir un sueño. Como prueba de lo que decían, me mostraron sus anillos.
Emergencia sanitaria, tiempos de excepción, excelentes circunstancias para el registro cotidiano de hechos que de otro modo pasarían inadvertidos: un beso en una discoteca, la tos como música del miedo...
13/6. Viernes. Comienzo del fin de semana largo por el 20 de junio adelantado. Tengo tos, dificultad para respirar y 38.5 de temperatura. Entro en pánico y llamo a un médico de guardia. Atiende una voz antipática que cuando le explico mi cuadro me dice que no necesito un médico. Insisto: soy portador de HIV. Me contesta que si estoy medicado no hay problema. Lo pongo en jaque: hace seis meses que no tomo la triterapia. Mientras espero, preparo un bolso por si tengo que ser internado en un hospital.
En menos de una hora llega un médico joven. Mientras subimos por el ascensor, empiezo a contarle mis síntomas y él me grita asustado: "¡Hablá mirando para otro lado!". Una vez en mi casa, después de auscultarme me pide alcohol para desinfectarse las manos, y el resto de la consulta la mantenemos a tres metros de distancia. No quiere tocar nada, ni siquiera los análisis de sangre de rutina que me hice una semana atrás. Antes de irse me dice: "Mirá, no sé si es gripe porcina o no, tendría que hacerte un hisopado, pero no vale la pena"; me receta Aseptobrón y un antibiótico como medida preventiva. Yo, feliz por el jarabe. Me parece un buen programa para el fin de semana largo: un buen jarabe, porro y televisión.
5/7. Domingo. Un par de semanas después, la gripe A H1N1 ya fue declarada pandémica y el país está en emergencia sanitaria. A pesar de las recomendaciones por parte de las autoridades de no asistir ni abrir lugares de concurrencia masiva, las discos, bares y clubes gays enviaron mails para anunciar el cronograma de actividades. Por mi parte, completamente recuperado de la gripe, decido ir a ver qué pasa en Contramano. La concurrencia es normal y la gente se saluda como siempre, a los besos. Así somos. Adherimos a varias de las medidas preventivas anunciadas que ya forman parte del folklore urbano, nos lavamos las manos con frecuencia, andamos con nuestra botellita de alcohol en gel (y algunos agregan al kit una crema hidratante porque el alcohol daña la piel), pero no podemos evitar nuestro saludo argentino, como si en realidad no creyéramos tanto en la gravedad de la pandemia. Es comprensible: la información en los medios es poco clara y a veces contradictoria. Los primeros casos se dieron en escolares de colegios privados, y ahora dicen que los principales grupos de riesgo son los jóvenes de entre 20 y 45 años, además de los hiperobesos. En años anteriores los índices de mortalidad por la gripe estacional eran iguales o mayores a los de este año por la gripe porcina, pero nunca antes se había declarado la emergencia sanitaria. No faltan las teorías conspirativas: unos dicen que la gripe es una cortina de humo para tapar otras cosas, como por ejemplo la crisis global; otros, que es el resultado de la ambición sin escrúpulos de los empresarios de la industria farmacéutica.
6/7. Lunes. Mi amigo Master M cumple años y decidió celebrarlo en el club leather que funciona en un sector privado del cine porno ABC. No hay nadie excepto nosotros; en el cine, en cambio, hay unas 20 personas. Suena lógico. En el club leather somos más chanchitos, el intercambio de fluidos es mayor, y son pocos los que se contentan con sólo la práctica del spanking o los latigazos, sin riesgo de contagio. M trajo una riquísima torta preparada por él y dos botellas de champán. Terminamos brindando en la barra M y yo, con D, el encargado, y su novia A. D nos prestó las copas que desinfectó con lavandina antes del brindis. Un rato después, antes de bajar a inspeccionar el cuarto oscuro, afino el oído para asegurarme de que no se oigan toses.
En un foro electrónico del cual participo, surgió una discusión en torno de la noticia, por todxs conocida, de Cristian, el chico gay que asesinó a su mamá y a su hermano, y que hace ya un mes en SOY se retomó en una columna: "La homofobia como boomerang".
La discusión surgió por un comentario que se asombraba del énfasis que los medios ponían en la orientación sexual de Cristian y que se justificaba así: "No entiendo por qué debe destacarse la orientación sexual de los asaltantes. Me pregunto si cambiaría la situación en que se produce la violencia, si la orientación sexual de los violentos fuera la heterosexual". Ya que más allá de la buena intención (porque el autor busca combatir un estigma asignado a los homosexuales), termina por reproducir una forma de invisibilización.
Sí cambian, y en muchas formas, los actos que se realizan según el contexto en que se enmarcan. Y parte de ese contexto es la orientación sexual de las personas cuando ésta puede formar una identidad. Sin duda, una generalización tan abstracta, que asocie delincuencia con homosexualidad, termina por estigmatizar a un sector social que se identifica como gay u homosexual. Y más aún cuando no hay una relación entre ese acto de delincuencia y la orientación sexual de quienes lo realizaron.
Pero yendo al caso de Cristian... Ahí sí que es necesario hablar de la orientación sexual de él, para no invisibilizar el porqué de la cosa. Ser gay no es lo mismo que ser hétero. Y eso condiciona muchas de las cosas que hacemos... No es lo mismo asesinar viviendo un contexto de opresión, que asesinar siendo el mismo opresor (¿es lo mismo que una mujer que sufre de violencia doméstica mate a su marido, a que su marido la mate siendo él mismo quien la violentó durante muchos años?).
Esta nota, además, me remite a una larga discusión sobre las identidades...
Que tengas pija y te guste la pija no es determinante de ningún tipo de comportamiento por sí mismo. Que tengas vagina no implica que tengas determinados gustos o determinados comportamientos por sí mismos...
El tema es que esas cosas (el gusto por la pija teniendo pija y la portación de vagina) no existen en el mundo por sí mismas. Existen acompañadas de todo un universo simbólico que les dan sentido, que les dan un valor (a veces bajo, a veces alto), que los hacen inteligibles, y que a partir de allí sí se pueden formar comportamientos, gustos, actitudes... es decir, identidades.
El discurso hegemónico niega las identidades oprimidas cuando la revelación de las mismas implica poner en tela de juicio las relaciones actuales de dominación. Y las hace explícitas, bajo una figura estereotípica, cuando quiere conformar el otro/diferente del cual se diferencia, sobre el cual descarga su poder...
Me pregunto, finalmente, si desde las agrupaciones LGTB se puede hacer algún tipo de manifestación, o actividad, como las que los movimientos feministas hacen respecto de Romina Tejerina, de quien piden su libertad inmediata. Así como pedimos que se consideren distintos los crímenes de odio de los crímenes pasionales (figura que invisibiliza la homo, lesbo y travestofobia), podríamos pedir también que este crimen no entre en la categoría de pasional, sino como consecuencia de una situación de opresión vivida por el mismo asesino.
Si bien el mundo de los videojuegos sigue siendo muy sexista y tan dedicado a los muchachos heterosexuales, hay algunas señales claras de que la cosa está cambiando un poco.
Persona 4
Es un juego de rol, el último que ha sacado Play Station y el primero en presentar a un protagonista decidido a explorar su homosexualidad sin tapujos. El adolescente en cuestión se llama Kanki, un chico bastante antisocial que recibirá de sus japoneses compañeros los consabidos insultos tan habituales en la vida escolar real y corriente. Kanki no sólo tiene el cometido de adentrarse en los peligros del canal de televisión Poltergeist donde transcurre la saga, sino que deberá emprender, con poca ayuda, el camino a aceptar y disfrutar de su homosexualidad.
TheSims 3
Hay que reconocer que desde un principio TheSims permitió la creación de parejas homosexuales. Pero como la intención del juego era que sus posibilidades fueran realistas, los gays y lesbianas no podían casarse en esta primera versión. En TheSims 2 se llegó a una especie de unión civil cumpliendo con el objetivo citado. Será porque cada vez más países van sacando la ley de matrimonio, será por la visión de futuro de sus autores, pero lo cierto es que en TheSims 3 todas aquellas parejas de gays y de lesbianas que quieran contraer matrimonio como la ley todavía no manda en este país, podrán hacerlo.
Resident Evil 5
La atención no puede dejar de centrarse aquí sobre el hipermusculoso protagonista de este juego donde los zombis, los anabólicos y las intrigas farmacéuticas hacen avanzar al jugador hacia su propio abismo o, mejor dicho, su autosatisfacción. Hablamos del bello Chris Redfield. ¿Es gay? No necesariamente, pero ha logrado eclipsar al personaje gay de la saga, el bien dotado Wesker. De hecho, el sitio TheHumplex (http://www.humplex.com/) ofrece la posibilidad de realizar pajas virtuales a estos muchachos plenos de esteroides.
Metal GearSolid
Los personajes gays de esta serie, que son muchos, suelen ser muy pero muy malos. Es el caso del Coronel Volgin, gay declarado que suele tener encuentros amorosos con el joven y apuesto Ivan Raidenovich. Y también es malísimo el malísimo Vamp, declarado bisexual, quien ha sido amante del hétero y veterano Comandante Scott Dolph. ¿Habrá una aviesa intención en presentar la sexualidad de los villanos por fuera de la heterosexualidad? Para quedarse sin respuesta cierta basta mirar de cerca al bueno del protagonista, Raiden, un joven que parece una chica, pero que tiene novia y que es objeto de comentarios y dudas en los foros donde los entendidos suelen sentarse a discutir.
Para algunxs, es una declaración formal y casi sin sentido, una operación de maquillaje destinada a ocultar su falta de definición frente al matrimonio gay. Para otrxs, se trata de una apropiación, en palabras de uno de los columnistas de Queerty –uno de los portales de noticias lgbti más consultados en los Estados Unidos–: "Lo único que nos faltaba era que el presidente nos diera permiso para celebrar nuestro día del orgullo. No es algo que nos conceden, es algo que conseguimos". Nadie, sin embargo, pudo negar el shock que produjo la proclama que Barack Obama firmó de puño y letra el primer día de junio para consagrar oficialmente a este mes como "el mes del orgullo lésbico, gay, bisexual y transgénero" –en ese orden y en esos términos–. El compromiso fue un poco más allá: "Los movimientos por los derechos LGBT han hecho grandes progresos en los últimos cuarenta años, pero todavía hay mucho trabajo por hacerse. La juventud LGBT debería sentirse segura de estudiar sin miedo a las agresiones, y las familias y las personas mayores LGBT deberían tener derecho a vivir sus vidas con dignidad y respeto", dice la proclama escrita en memoria de la revuelta de Stonewall, de su cuarenta aniversario, justo después que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, se pronunciara a favor "de la legalidad de las uniones civiles" y el fin de la política "no decir, no preguntar", que es la que imperó hasta ahora en el ejército norteamericano, obligando a sus integrantes a permanecer en el closet siempre que quisieran permanecer en la fuerza. Y aunque es cierto que no hay ningún pronunciamiento concreto sobre el tema que desvela a las organizaciones ahora mismo –el matrimonio–, también lo es que por primera vez se reconoce el derecho a la adopción por parte de las parejas del mismo sexo desde la Casa Blanca. La discusión sobre si es una apropiación por parte del Estado de la lucha de ciudadanos y ciudadanas puede resultar conocida en estas pampas –algo similar sucedió en Argentina cuando se discutía a quién correspondía el crédito por haber abierto la Esma, símbolo del terrorismo de Estado, como espacio para las organizaciones de derechos humanos–. Lo que es seguro es que una cosa no podría haberse hecho sin la otra. Sin la lucha del movimiento LGTB, Obama no hubiera dado este paso, que puede ser cosmético pero no por eso deja de sentar un precedente que probablemente cambie el imaginario social en un país donde la derecha religiosa sigue presentando cualquier orientación sexual o identidad de género distinta de la heterosexual y patriarcal como un pecado, como una tormeta que amenaza a la gente de bien.
Judith Butler es la autora de uno de los libros más influyentes del pensamiento contemporáneo, El género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad, donde ya en los años noventa ponía en jaque la idea de que el sexo es algo natural mientras el género se construye socialmente. Sus trabajos filosóficos, complejos y muy difíciles de divulgar sin desvirtuar, han contribuido a construir lo que hoy se conoce como Teoría Queer y tuvieron un papel fundacional en el desarrollo del movimiento queer. Esta breve guía se detiene en puntos clave de su pensamiento.
1
Butler y su giro copernicano
Ese giro se produce en torno del género y marcó la evolución de las concepciones que se venían teniendo al respecto dentro del feminismo. Cuando en 1990 publica El género en disputa, las ideas se dividían a grandes rasgos entre las que entendían al género como la interpretación cultural del sexo y aquellas que insistían en la inevitabilidad de la diferencia sexual. Ambas presuponían que el "sexo", entendido como un elemento tributario de una anatomía que no era cuestionada, era algo "natural", que no dependía de las configuraciones sociohistóricas.
Butler plantea que el "sexo" entendido como la base material o natural del género, como un concepto sociológico o cultural, es el efecto de una concepción que se da dentro de un sistema social ya marcado por la normativa del género. En otras palabras, que la idea del "sexo" como algo natural se ha configurado dentro de la lógica del binarismo del género.
2
Judith en el principio de los movimientos queer
Este planteamiento, a partir del cual el sexo y el género son radicalmente desencializados, desestabilizó la categoría de "mujer" o "mujeres", y obligó a la perspectiva feminista a reconcebir sus supuestos, y entender que "las mujeres", más que un sujeto colectivo dado por hecho, era un significante político. Al mismo tiempo, esta aguda desencialización del género, la idea de que las normas de género funcionan como un dispositivo productor de subjetividad, sirvió de fundamento teórico y dio argumentos y herramientas a una serie de colectivos, catalogados como minorías sexuales, que también, junto a las mujeres, eran (y continúan siendo) excluidos, segregados, discriminados por esta normativa binaria del género. En este sentido, el giro copernicano de Butler ayudó mucho al impulso y la expansión de los movimientos queer, y también trans e intersex.
3
Y el sexo..., ¿dónde está?
La impronta de Michel Foucault, y en particular su trabajo en la Historia de la sexualidad, es evidente. Ahora bien, si en el caso de Foucault el dispositivo de la sexualidad no tiene en cuenta el género, para Butler es esencial. A partir de Butler el género ya no va a ser la expresión de un ser interior o la interpretación de un sexo que estaba ahí, antes del género. Como dice la autora, la estabilidad del género, que es la que vuelve inteligibles a los sujetos en el marco de la heteronormatividad, depende de una alineación entre sexo, género y sexualidad, una alineación ideal que en realidad es cuestionada de forma constante y falla permanentemente.
Es importante insistir en que Butler no quiere decir que el sexo no exista, sino que la idea de un "sexo natural" organizado en base a dos posiciones opuestas y complementarias es un dispositivo mediante el cual el género se ha estabilizado dentro de la matriz heterosexual que caracteriza a nuestras sociedades. Puesto en otros términos, no se trata de que el cuerpo no sea material, no se trata de negar la materia del cuerpo en pos de un constructivismo radical, simplemente se trata de insistir en que no hay acceso directo a esta materialidad del cuerpo si no es a través de un imaginario social: no se puede acceder a la "verdad" o a la "materia" del cuerpo sino a través de los discursos, las prácticas y normas.
4
El género como performance
Antes que una performance, el género sería performativo. Esta diferencia entre pensar al género como una performance y pensar en la dimensión preformativa del género no es trivial. Decir que el género es una performance no es del todo incorrecto, si por ello entendemos que el género es, en efecto, una actuación, un hacer, y no un atributo con el que contarían los sujetos aun antes de su "estar actuando". Sin embargo, en la medida en que este performar o actuar el género no consiste en una actuación aislada, "un acto" que podamos separar y distinguir en su singular ocurrencia, la idea de performance puede resultar equívoca. Hablar de performatividad del género implica que el género es una actuación reiterada y obligatoria en función de unas normas sociales que nos exceden. La actuación que podamos encarnar con respecto al género estará signada siempre por un sistema de recompensas y castigos. La performatividad del género no es un hecho aislado de su contexto social, es una práctica social, una reiteración continuada y constante en la que la normativa de género se negocia. En la performatividad del género, el sujeto no es el dueño de su género, y no realiza simplemente la "performance" que más le satisface, sino que se ve obligado a "actuar" el género en función de una normativa genérica que promueve y legitima o sanciona y excluye. En esta tensión, la actuación del género que una deviene es el efecto de una negociación con esta normativa.
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Poderes y políticas
Hablar de género es hablar de relaciones de poder. Hay que tener muy en cuenta que en esta negociación, el no encarnar el género de forma normativa o ideal supone arriesgar la propia posibilidad de ser aceptable para el otro, y no sólo esto, sino también, incluso, supone arriesgar la posibilidad de ser legible como sujeto pleno, o la posibilidad de ser real a los ojos de los otros, y aun más, supone en muchos casos arriesgar la propia vida. En este sentido, la oportunidad política a la que abren los señalamientos de Butler se debe a que si el género no existe por fuera de esta actuación, y las normas del género tampoco son algo distinto que la propia reiteración y actuación de esas mismas normas, esto quiere decir que ellas están siempre sujetas a la resignificación y a la renegociación, abiertas a la transformación social. Estas normas que son encarnadas por los sujetos pueden reproducirse de tal modo que la normas hegemónicas del género queden intactas. Pero también estas normas viven amenazadas por el hecho de que su repetición implique un tipo de actuación que pervierta, debilite o ponga en cuestión esas mismas normas, subvirtiéndolas y transformándolas. Esta inestabilidad constitutiva de las normas es una oportunidad política.
6
La aparición de la homosexualidad
En paralelo con otras autoras que también han revisado el hecho de que las ideas que conlleva el género han sido tributarias de la matriz heterosexual –como por ejemplo Monique Wittig, Adrienne Rich o Gayle Rubin– los planteamientos de Butler apuntan a señalar que los ideales de masculinidad y feminidad han sido configurados como presuntamente heterosexuales. Si desde el esquema freudiano, por ejemplo, se parte de la idea normativa de que la identificación (con un género) se opone y excluye la orientación del deseo (se deseará el género con el cual no nos identificamos) –identificarse como mujer implicaría que el deseo debería orientarse hacia la posición masculina, y viceversa–, Butler planteará que esto no es necesariamente así. (Este es el prejuicio que permite entender el hecho de que históricamente se haya pensado en la idea de que un hombre que desea a otros hombres tenderá a ser necesariamente afeminado, y lo mismo en el caso de las mujeres, que si desean lo femenino, esto deberá asociarse con la identificación con lo masculino)
7
La ley del deseo
Desde el punto de vista de Butler, deseo e identificación no tienen por qué ser mutuamente excluyentes. Y aún más, ni siquiera, ni tampoco, éstos tendrían por qué ser necesariamente unívocos. No hay ninguna razón esencial que justifique que una debe identificarse unívoca e inequívocamente con un género completa y totalmente. Asimismo, tampoco habría ninguna necesidad en que una deba orientar su deseo hacia un género u otro. Tal es el caso por ejemplo de la bisexualidad.
En tanto ideales a los que ningún sujeto puede acceder de forma absoluta, masculinidad y feminidad pueden ser –y de hecho son– distribuidos, encarnados, combinados y resignificados de formas contradictorias y complejas en cada sujeto. Y no hay encarnaciones o actuaciones de la feminidad o de la masculinidad que sean más auténticas que otras, ni más "verdaderas" que otras. Lo que habría, en todo caso, son formas de negociación de estos ideales más sedimentados, y por ende naturalizados o legitimados que otros, lo que consecuentemente los vuelve "más respetables" de acuerdo con un imaginario social que continúa siendo primordialmente heterocéntrico.
EL TITULAR DE LA BICAMERAL QUE VIGILARA SUS FONDOS DEFINE EL NUEVO ROL DE LA ANSES
Eric Calcagno, senador del FpV, planteó en esta entrevista su visión sobre el papel que jugará la Anses orientando la inversión de los fondos de la seguridad social. La nueva ley, dice, "la convirtió en un agente financiero fundamental de la economía".
El senador Eric Calcagno (FpV-Buenos Aires), titular de la Comisión Bicameral de Control de los Fondos de la Seguridad Social, aseguró en un reportaje con Página/12 que la Anses se convirtió en un agente financiero fundamental para el desarrollo de la economía argentina. También destacó que la función de la comisión será controlar que las inversiones tengan un efecto redistributivo.
–¿Cuáles serán los objetivos de la Comisión Bicameral?
–La comisión está creada en base al artículo 11 de la ley que terminó con las AFJP y tiene por objeto supervisar todos los fondos de la seguridad social en coordinación con el Congreso y el Poder Ejecutivo. Esto es parte de un andamiaje de control más amplio, que incluye a la AGN, Sigen y la Comisión del Fondo de Sustentabilidad del SIPA. Esta comisión unirá, por un lado, un aspecto técnico-analítico y, por el otro, un aspecto político.
–¿Cómo será la discusión técnica?
–Acá hay un cambio de paradigma que modificó el sistema de capitalización por uno de reparto, que tiene por objetivo invertir en proyectos que produzcan trabajo, para que haya más asalariados con mejores sueldos. Por eso, desde la comisión analizaremos dónde se está invirtiendo y cuál es la rentabilidad de cada una de esas inversiones. Hoy la Anses es un instrumento para el desarrollo de la economía argentina. Ya no se pone más la plata dentro de una caja de zapatos, sino que el dinero de la Anses coadyuda al desarrollo económico, como ocurre en otras partes del mundo. Por ejemplo, en Francia existe la Caja de Depósitos y Consignaciones que está vigente desde 1816, donde se reciben fondos públicos para financiar aproximadamente 450 sociedades de desarrollo mixtas.
–¿Y cómo será el trasfondo de la discusión política?
–Creo que ya se superó la discusión en términos de si estuvo bien o mal la eliminación de las AFJP. Tuvimos diversas audiencias públicas que despejaron cualquier tipo de duda. No creo que ahora sea el tiempo de los nostálgicos, ni de pensar en la mera coyuntura de si está bien o está mal el nuevo sistema. Creo que la discusión política deberá apuntar al mediano y largo plazo del sistema de reparto.
–Anteayer un senador del oficialismo señaló a este diario que la comisión tendría que discutir una reestructuración de la Anses para mejorar la retroalimentación del sistema, ya que hoy la relación entre jubilados y aportantes es 4 a 1. ¿Se avanzó en este tema?
–Esto es algo que pasa en todo el mundo. La edad de vida de las personas se fue alargando con el tiempo. El sistema de reparto genera riquezas a partir de las inversiones que hace, da sustentabilidad. Cuanto más se invierta, más trabajo se creará. Y ese trabajo contribuirá a la alimentación del sistema.
–Teniendo en cuenta que la Anses está colocando parte de sus fondos al financiamiento de proyectos productivos, ¿no debería pensarse en un nuevo marco legislativo que asemeje a la entidad con un banco de desarrollo?
–No es lo que está en la ley. Pero hay muchos modos de financiar. Cuando tenés al Estado que financia una determinada actividad, inmediatamente se produce un efecto de locomotora en el sector privado. Pensemos que en Argentina hay 40 millones de habitantes. Cuando uno va por el conurbano ve que falta infraestructura básica. Hay mucho donde invertir. En este sentido, nuestro rol será analizar que las inversiones que se hagan tengan su correspondiente repago y las garantías necesarias. Y por sobre todas las cosas, poner la discusión en el mediano y largo plazo, algo que intentaremos realizar con las diferentes fuerzas políticas.
–¿Cuál es el impacto que está generando la Anses en las diferentes áreas productivas?
–Hay inversiones en bonos del Estado, fideicomisos y participación en empresas. La economía mixta funciona muy bien en muchas partes del mundo. Lo mismo puede suceder en el país. La Anses es un agente financiero extremadamente importante. En una situación donde las expectativas no son del todo claras ni favorables, tener una institución pública con supervisión parlamentaria dará previsión a las inversiones que se realicen desde el organismo.
–A partir de la crisis económica, el Estado volvió a ser un agente económico activo en diferentes países desarrollados. ¿Por qué algunos sectores del país siguen criticando la injerencia del Estado en la economía?
–El Estado siempre está presente, la cuestión es analizar a quién favorece. En la dictadura militar el Estado estuvo presente, también en la década del '90. Lo que cambia es el concepto sobre el Estado. Cuando se decía "achicar el Estado es agrandar la Nación", lo que se propugnaba era un Estado gendarme. Para transformar la sociedad a partir de la fuerte participación del Estado, primero hay que reconstruir ese Estado, que en las últimas décadas fue pensado desde una óptica privada.
–Hasta hace un tiempo se hablaba de los superávit gemelos como los pilares del modelo. Pero hoy, desde la propia línea argumental del Gobierno el pilar del modelo parece ser la Anses.
–Me parece que es un análisis que reduce todo a una línea secuencial y no incremental. Algunos sectores de la Argentina perdieron la capacidad de pensar en el mediano y largo plazo, donde todo parece ser un acontecimiento. La recuperación de la economía desde la crisis de 2002 se logró con una mezcla de redistribución del ingreso y una acumulación de superávit gemelos. Y la Anses viene a sumarse en este camino. No creo que el organismo reemplace a los superávit gemelos.
La rubia no se está ahogando, no. No se agarra de las tetas para mantenerse a flote. De hecho, no están en el mar sino en una piscina. Algo que a la prensa sensacionalista –siempre sedienta de escándalos, y más si se trata de la realeza británica– le vino como corona a la cabeza. Y todo porque la princesa Eugenia de Inglaterra, hija del príncipe Andrés y de Sarah Ferguson, la muchacha detrás de los senos enormes, ¡hasta parece disfrutar del masajito! ¿O toqueteo? ¿O tanteo? ¿O caricia? Las fotos publicadas la semana pasada por el diario The Sun, que muestran a la princesita, de 19 años, de vacaciones en Tailandia con un grupo de amigos, ha reflotado el fantasma que cada tanto se florea sobre una institución que depende, como ninguna otra, de que sus descendientes se casen de la manera más tradicional y tengan hijos genéticamente incluidos en el matrimonio. Algo que parece importarle a la princesa Eugenia tanto como le importó a Manavendrasinh Gohil, príncipe de Rajpipla, quien se convirtió en el primer príncipe abiertamente gay de la historia. Soberano de un bastión al oeste de la India, fue desheredado en un principio por su familia y aceptado después de ser invitado al programa de Oprah Winfrey. Una rara avis en un universo en que la regla de oro parece ser, en muchos casos, cuidar a ultranza las apariencias. Y si no pregúntenle a Alberto de Mónaco, de quien tanto se ha dicho… Ejemplo de lo catastrófico que para la monarquía puede llegar a ser que en la palabra "trono" vaya una L en lugar de la N.
Atención, Susana Giménez no sólo vive del exabrupto sino que además tiene propuestas concretas y meditadas: "Yo creo que la vuelta de la 'colimba' sería una solución para un montón de chicos de esa edad (adolescentes), que les enseñarían cosas, los sacarían de la calle". Fue la perla de la semana, un día antes de la marcha contra "la inseguridad" que ella misma había alentado junto a su amiga Moria Casán. No era la primera vez que Su hacía gala de su nostalgia castrense, en plena ebullición de las declaraciones que todavía dan vueltas a raíz del crimen de Gustavo Lanzavechia, quien fuera su florista y sobre quien ella no quería ni escuchar que era gay. "No sé muy bien qué es el toque de queda, pero creo que se podría poner", había sugerido la diva sin develar quién la asesora –alguien le da letra, vamos, ¿si no por qué ese ir y venir entre la propuesta y el no sé al que suele echar mano?– en el montaje de una operación a la que sin duda, dos semanas después, se puede calificar de exitosa más allá de cuántas personas hayan asistido a la marcha que ella finalmente no encabezó. Exitosa en varios sentidos: si la diva tenía nostalgia por las épocas en que empezó a forjarse su carrera a fuerza de apoyar sus tetas en cualquier lado y hacer mohínes de chica descerebrada, pues bien, algo de esa nostalgia se ha disipado ahora que se siente con impunidad suficiente como mandar a los niños a aprender a los cuarteles y a dormir temprano que se viene el toque de queda. Y exitosa también porque ella, que no quería que se aludiera a la condición gay de su amado florista –"lo vi en Navidad por última vez, pero habló hace poco con mi mucama", dijo para graficar la cercanía con Lanzavechia– supo taparla bajo el tsunami reaccionario que movilizaron sus amigos y amigas de la farándula. No se habló ni se hablará ya de crimen de odio en este caso. Aunque sí, hay que decirlo, en ciertos medios (revista Noticias, por ejemplo) se sembró la sospecha sobre la víctima, como suele suceder en estos casos, por la posibilidad de que esos dos ladrones hayan entrado en carácter de taxi boys a su casa, como si ésa fuera razón suficiente para merecer la muerte. La diva, incólume y ya excusada de seguir pintando retratos de su amigo –lo más elogioso que dijo fue "vivía para mí"–, sigue montada en el discurso de la seguridad y haciendo propuestas para forjar hombres rudos y de conducta firme como los que se modelan en los cuarteles. Porque ella tendrá un lugar en la comunidad gay –basta revisar blogs, sitios de noticias y otros portales para comprobarlo– más encandilada con el brillo, pero a Su le gustan los machos, los que saben aguantar la tortura de la colimba, el agravio de la cofradía machista y sobreviven para mostrar su buena educación. Y los que no, bueno, que no le vayan a decir a ella que los torturaron, los vejaron o los asesinaron (sí, Su, ha sucedido en estas tierras) porque eran gays, porque de eso ella no quiere ni oír hablar. Ni ella ni sus amigas y defensoras, Moria Casán (reina gay de Córdoba según una parte de la comunidad local) y Carmen Barbieri (reina gay de Mar del Plata con súbditos similares). Es que las tres, dicen, tienen un amigo gay. Al que salvarán de los cuarteles llegado el caso para seguir conservando la corona.

Amigos, un precioso cuerpo humano,/ por ser una ocasión única y la conjunción correcta,/ es muy difícil de hallar dentro de las seis formas de vida./ Tan encantado como un ciego/ que se topa accidentalmente con un tesoro escondido,/ usen este cuerpo para alcanzar prosperidad y bienaventuranza. (Longchempa, sabio budista del siglo XIV.)
¿Cómo podemos sacarle el máximo provecho a nuestra vida? Para un budista tibetano, la respuesta a esta pregunta siempre comienza contemplando nuestra enorme suerte por tener una existencia humana. Una imagen tradicional dice: "Tiene mayor probabilidad una tortuga de mar ciega de pasar su cabeza por el agujero de un yugo arrojado al océano, que nosotros de adquirir un cuerpo humano". Entendiendo que la vida humana es un regalo precioso que debemos apreciar, un budista tradicional suele comenzar el día recitando un texto o una frase para invocar la apreciación del cuerpo, de la mente y de los sentidos, los medios de que disponemos para aprovechar al máximo nuestra vida.
Cinco verdades o enseñanzas dharma nos proveen la estructura que orienta hacia una vida plena de sentido. Estas verdades siempre son válidas, independientemente del tiempo y del espacio. En su simplicidad, cualquiera, joven o viejo, puede entenderlas. Estas cinco verdades centrales –apreciación, impermanencia, karma, inutilidad del sufrimiento innecesario y libertad– son el corazón de la práctica budista cotidiana.
Si no logramos integrar estas verdades de vida a las experiencias del día a día, sentimos una suerte de vacío. Algo indefinible nos está faltando. Nuestras metas permanecen inalcanzables, nos sentimos incomprendidos. Las frustraciones, las emociones, las lágrimas, las resistencias internas y la esperanza infundada de que algún día todo esto mejorará espontáneamente, todo ello es indicio de la falta de conocimiento.
Encarnando estas cinco verdades a través de la meditación y la ejercitación, podremos acceder a la profundidad que tanto anhelamos. Nuestra vida adquirirá dimensión espiritual. A medida que estas verdades formen parte de lo que pensamos, decimos y hacemos, viviremos más armoniosamente con las cosas como son, sin arrepentimiento ni tiempo malgastado. Si estas verdades están presentes en nuestra mente, estaremos preparados para cuando la muerte nos alcance. Ellas forman un marco referencial en el que la mente se despliega hacia su intrínseca perfección. En las páginas siguientes expondré mis propias reflexiones acerca de su importancia, y para ello me basaré en mis estudios y en mi experiencia a través de estos años, cuando me propuse comprender el significado de estas enseñanzas básicas, pero profundas.
Apreciación
El camino espiritual comienza al darnos cuenta de que nuestra vida y la de todos los seres sintientes tienen valor y merece respeto. Cada ser humano tiene cuerpo, mente y la energía vital para usarlos de manera provechosa. Se puede ser feliz y ser útil a los demás de muchas maneras diferentes. El poder apreciar estas oportunidades es la clave de una existencia plena de sentido.
Nuestro cerebro y los circuitos neuroquímicos prosperan en la apreciación. La investigación científica muestra que, así como la adquisición de nuevas destrezas estimula la producción de neuronas, generar sentimientos de apreciación también incrementa la cantidad de neuronas en el cerebro. La gratitud y la apreciación fortalecen el sistema inmunológico, además de otros sistemas en el organismo. Mejora la circulación y hace que la mirada adquiera brillo. Según las enseñanzas budistas, esta vivacidad y vitalidad son nuestro patrimonio.
Como toda actitud mental, de-sarrollar la apreciación es cuestión de costumbre. Cuando estamos entrampados en pautas negativas, parece que no hay nada que apreciar: toda nuestra energía parece centrarse en los problemas. El negativismo tiene su propia lógica apremiante. Sin embargo, aun cuando no nos sintamos particularmente agradecidos, podemos aprender a despertarnos a los aspectos positivos de cualquier experiencia del momento.
Así como adquirimos pautas negativas por la repetición constante de pensamientos y sentimientos negativos, podemos desarrollar la apreciación cultivando pensamientos y sentimientos de gratitud. Todo sentimiento de apreciación, hasta el más pequeño, estimula nuestra energía y nuestro entusiasmo, y nos impulsa a avanzar. Pronto la mente se acostumbra a la energía vital de los sentimientos y los pensamientos positivos, se pone en marcha una transformación interior y nuestra inteligencia y energía asumen nuevas formas.
Podemos comenzar apreciando todo lo que aprendimos y realizamos hasta este momento. Luego, podemos apreciar las posibilidades latentes en nuestras circunstancias actuales. ¿Cuánta más sabiduría y amor somos capaces de vivenciar antes de morir? En momentos de crisis, la apreciación puede ser un potente remedio. Podemos preguntarnos: "A pesar de todos mis problemas, ¿qué hay de bueno detrás de esta situación y en mi vida?"; "¿De qué cosas estoy seguro entre tanto cambio e incertidumbre?". Plantearse estas preguntas genera apreciación.
Buscamos soluciones al preguntarnos cosas del tipo: "¿Cómo puedo mejorar esta situación?" y escuchando la respuesta. La gratitud por la orientación que recibimos nos ayuda a entender que ninguna condición es definitiva, ningún sufrimiento es desesperanzado. Cada situación nos brinda la oportunidad de abrirnos a un conocimiento más amplio. Al profundizar la apreciación, nacen el amor y la sabiduría.
Impermanencia
Entender la impermanencia enciende nuestra pasión por explorar aun más nuestro potencial. Se considera que el hombre vive en promedio unas cuatro mil semanas. Es como si viviéramos un tiempo prestado y un reloj de arena invisible midiera los días dejando caer los granitos. ¿Cuántos días nos quedan? Cada vez nos queda menos tiempo. Estamos seguros de que vamos a morir; lo que no sabemos es cuándo ni cómo. Nuestra respiración nos une a la vida. Un día, después de haber inhalado varias veces, exhalaremos por última vez y ése será el fin de esta vida. Toda vida tiene un plazo. Todo momento –sobre todo éste– cuenta.
La impermanencia quizá sea la principal característica de la existencia humana. En nuestra vida diaria, los buenos y los malos momentos vienen y van. Los niños crecen y los adultos envejecen. La vida se perpetúa en infinitos ciclos. Todo tiene un comienzo, un centro y un final, cada comienzo contiene su propio fin y cada fin encierra la promesa de un nuevo comienzo. Nada permanece tal como es ahora: el presente no vuelve. Parte del arte de vivir es poder comenzar bien cada momento, centrar la atención, soltarse gentilmente y, luego, despedirse dándole a cada instante sus propias cualidades.
Un día que no concluyó adecuadamente proyectará los elementos no procesados al día siguiente. Quizá sea algo que descuidamos o pasamos por alto, o un sentimiento que no hemos podido sentir; cualquiera sea su forma, los elementos del día no resueltos nos acompañan como un equipaje molesto. La frustración de hoy obedece a causas que ocurrieron en el pasado; si tampoco cuestionamos nuestro desengaño, éste se convierte en otro resto de experiencia antigua que va apilándose como basura en una esquina.
Si experimentamos la transición de un día al otro con conciencia, podemos ingresar en el futuro con una mente más liviana y abierta. Al finalizar el día o una fase, podemos pasar revista a todo: recuerdos intensos, logros, arrepentimiento y remordimiento. Aceptamos lo ocurrido y, luego, lo dejamos ir. Así, la transición al día siguiente es más fácil. Ya no cargamos con el peso de relaciones tirantes o penosos recuerdos de nuestras acciones desconsideradas. Nada pesa sobre nuestra conciencia; los pensamientos culposos o la pena de sí no nos consumen. Hasta la muerte se convierte en algo para celebrar, como un nacimiento, una vida valiosa que concluye y el comienzo de algo nuevo.
Impermanencia no es un simple concepto, sino una experiencia vital. Con la práctica, mente y corazón se familiarizan con la impermanencia, y nos movemos con el cambio en lugar de resistirlo. Hay un método para ser conscientes del paso del tiempo: se trata de focalizar la conciencia en el ciclo de la respiración, centrándonos en cada inspiración y exhalación de manera neutra. A medida que nos acoplamos al ritmo de la respiración, la cualidad siempre cambiante del tiempo se vuelve inseparable de la conciencia. La apreciación por el flujo constante del tiempo pasa a ser algo natural en nuestra vida cotidiana. Consustanciados con el flujo, nos sentimos cómodos con el cambio. La impermanencia ya no es más un obstáculo o una amenaza, sino la puerta hacia el cambio positivo.
Karma
En el budismo, la conexión causa-efecto se conoce como ley del karma. Todo lo que pensamos, decimos y hacemos –o dejamos de hacer– tiene sus consecuencias. Hasta el pensamiento más fugaz, la palabra más simple, el más pequeño gesto, todo tiene sus efectos. Nuestra conducta anterior nos ha conducido a las actuales circunstancias. La tensión corporal expresa la verdad del karma, así como nuestro cuerpo guarda el registro de nuestro pasado. Si nos falta alguna cualidad en nuestra vida es porque no la introdujimos previamente; sin una causa en particular no podemos esperar el resultado correspondiente. De la misma manera, nuestras acciones en el presente determinan nuestra felicidad futura. Aunque quisiera intentarlo, nadie puede arreglarnos la vida. La gracia no nos llega de afuera, sino de nuestro interior.
Es fácil confundir karma con destino. Y decimos "Oh, ése es mi karma", mientras suspiramos con resignación. Esta respuesta tiende a eximirnos de nuestra responsabilidad, como si dijéramos "en realidad no es mi culpa". La raíz de la palabra karma es "kr", que significa "hacer", "realizar" o "llevar a cabo". Karma se refiere a acción o motivación, y también a resultado. Si la motivación de los pensamientos es impura, será imposible lograr un resultado plenamente positivo. Una intención negativa socava el valor del ser humano y causa sufrimiento innecesario a todos; no puede producir un resultado constructivo. Sólo una actitud positiva puede, eventualmente, generar un resultado positivo.
Dado que nuestra conducta tiende a ser una mezcla de intenciones positivas y negativas, puede resultar difícil distinguir los efectos de nuestros actos. Sin embargo, si aprendemos a seguir nuestras motivaciones en sus desvíos y logramos enderezarlas una y otra vez, con el tiempo obtendremos los resultados deseados. Los actos madurarán según cómo fueron realizados. Sus resultados revelan nuestra intención. Si las cualidades del cuidado y la atención focalizada son parte de un proyecto, seguramente se manifestarán en los resultados. Nuestro buen karma se multiplicará geométricamente en la medida en que otros se beneficien de nuestra obra y que los resultados perduren. Karma positivo significa sabiduría en acción.
Sufrimiento innecesario
En un sentido la mente es neutral, tan capaz de producir felicidad como dolor. No tiene preferencias por una expresión alegre sobre una enojada, o viceversa. No obstante, es cierto que la manera en que funciona la mente –a gran escala o limitada– determina nuestra forma de vida. Si la mente genera felicidad, nuestra experiencia será positiva; si, en cambio, funciona para generar sufrimiento, nuestra experiencia será negativa. Dado que la naturaleza de la mente es neutral, es posible reducir las causas del sufrimiento y fortalecer las de la felicidad.
Un trozo de tela mojado en aceite se empapará de aceite; de la misma manera, los seres humanos asumen las características del ambiente que los rodea. Algunos aprenden desde niños a desconfiar de sus propios sentimientos y pensamientos, lo cual desemboca en alienación respecto de sí mismos y de los demás. Una vez consolidada semejante pauta de desconfianza de sí mismo, ésta tiende a moldear todas las experiencias siguientes. A cualquier edad podemos buscar validación adhiriendo a las normas y valores de otras personas, tomando las expectativas del mundo que nos rodea como la vara que usaremos para medirnos. Al no reconocer nuestro propio valor, somos incapaces de reconocer y apreciar cualidades especiales en los demás.
Los atletas luchan para sobreponerse a pautas personales que socavan su performance proponiéndose aprender de los obstáculos y aprovechar al máximo su talento. También nosotros podemos proponernos abordar los obstáculos en nuestro camino como maestros, es decir, en tanto oportunidades para fortalecer nuestros recursos mentales y de energía. Seremos más sabios reconociendo nuestros errores y aprendiendo de ellos. Nuestras frustraciones, el desamparo y la resistencia a la vida pueden convertirse en importantes fuentes de conocimiento. Observando lo que se esconde detrás de estas experiencias, podemos aprender a descifrar sus mensajes ocultos. Entonces, los contratiempos ya no lograrán desviarnos de nuestro camino porque sabemos que son una fuente invalorable de autocomprensión.
El sufrimiento ocurre en el cuerpo y en la mente, por lo tanto debemos buscar las soluciones en ambas instancias. A través de la pena y el dolor, la vida nos informa de aspectos de nuestro ser que permanecen poco desarrollados. Aunque no siempre podamos descifrar el mensaje o seamos inconscientes de gran parte del conocimiento que yace velado en nuestro interior, aun así podemos reunir la confianza necesaria para profundizar, recordando que somos responsables de nuestras propias desilusiones. En lugar de buscar un culpable afuera, podemos optar por el camino más sensato, el de examinar las causas de nuestro sufrimiento y la dinámica que lo sostiene. Una base sólida de autoconocimiento puede reemplazar gradualmente la base inestable del yo que sufre sin saber por qué. Porque nos ayuda a descubrir las condiciones que conducen a la felicidad, el sufrimiento nos muestra el camino a la libertad.
Libertad
El budismo tibetano sugiere que existen cuatro puertas que conducen a la libertad. La primera puerta tiene un cartel que dice: "Olvida el pasado". No te aferres a aquello que te ocurrió anteriormente porque podrías perderte todo lo que la vida tiene para ofrecerte. Considera el pasado como una ciudad que has dejado atrás y atraviesa la primera puerta sin arrepentimiento. El cartel en la segunda puerta dice: "Participa en todo lo que ocurre en este momento, no te retengas". La llave que encaja en la cerradura de esta puerta es la participación plena. Cada vez que te entregues con el alma y el corazón se abrirá la segunda puerta. Cuando no estés obsesionado con el pasado y te halles totalmente inmerso en el presente –en tu trabajo y en tu amor por la vida y por otros seres– naturalmente llegas a la tercera puerta, cuyo cartel dice: "Abandona todo sentido del yo". En lugar de detenerte en preocupaciones egoístas centrándote en todo lo bueno que pueden procurarte tus actos –como lograr fama y fortuna–, te centras en ser y en hacer con pasión: en experiencia y vida desligada del yo. Ahora, de la manera menos pensada, te hallas frente a la cuarta y última puerta: "Despójate de toda idea de futuro". Cuando tu mente deje de divagar por el futuro, por aquello que serás o harás más adelante, te quedarás con el ahora, y la última puerta se abrirá de par en par. Sin pasado, totalmente comprometido, liberado del yo y sin expectativas, serás libre.
Nos han condicionado a creer que los seres humanos se encuentran imposibilitados de cambiar sustancialmente. Es el conocido "Yo soy así". Si bien a veces nos sentimos contentos, libres y seguros de nosotros mismos, no tenemos control sobre esos estados de ánimo y no podemos sostenerlos. A la larga nos sentimos frustrados al comprobar nuestra impotencia y nuestra incapacidad para manejar nuestra vida. Si no trabajamos con esa frustración, podremos terminar en un camino sin salida, confiando nuestra sed de libertad interior a un diario íntimo, o encerrándola en algún rincón privado de nuestra mente.
Hay otra manera. Cuando logramos prestar atención a nuestras emociones negativas sin la compulsión de actuarlas, la conciencia se expande y descubrimos que somos libres de elegir la cualidad de nuestras actitudes y respuestas. La conducta compulsiva cede, y los pensamientos constructivos y los actos positivos surgen con mayor facilidad y naturalidad. Ya dejamos de correr detrás de aquello que nos hace felices o de evitar lo que nos ofende. Erigimos nuestro hogar en el espacio y en el poder de la mente abierta, antes que en los límites del yo mismo. La vida es lo que hacemos de ella, y el tiempo nos ofrece oportunidades de cambiar y crecer.
La reflexión sobre estas cinco verdades –apreciación, impermanencia, karma, sufrimiento innecesario y libertad– puede encender una transformación interior que ponga fin a la punzada de la impotencia. Nos damos cuenta de que no saber cómo darles un giro positivo a nuestras emociones también es conocimiento. Sabemos que no sabemos, todavía no tenemos el conocimiento que necesitamos. Pero las respuestas no se producen a través del intelecto. Las enseñanzas budistas ofrecen el insight así como también un camino de acción para fortalecer nuestra capacidad de conocer. A nosotros nos corresponde elegirlo, y esta libertad de elección es la libertad de ser.
Retardó la llegada a su casa tratando de encontrar las palabras justas. Sintió en su pecho el pálpito del corazón, la certeza de que ése era el día. Sentado en el bar, miraba la velocidad de los autos y comprendió que las palabras justas habían dejado de existir. Miró el reloj. Había salido del colegio hacía una hora y su padre lo esperaba.
Apenas entró, escuchó la voz del papá que hablaba por teléfono. Andrés dejó los útiles sobre la mesa del comedor. Se sentó y abrió la carpeta. Sus ojos se posaron en un dibujo manga que empezó en el colegio. Ese muchacho de cabellos negros sobre la cara y saco espolverino se parecía a él. También pensó que su padre, de joven, sería como ese muchacho.
Era el momento. Las palabras ensayadas desaparecieron de su lengua y al olvido lo coronaron rey. Su padre continuaba en el teléfono, lo miraba fumar. A veces reía, a veces levantaba la voz. Gesticulaba en cámara lenta, todo era letargo.
–Hola, Andrés, no te escuché entrar.
–Sí, no quise interrumpirte.
–Era Beatriz, cómo me gusta esa mujer. Si todo sigue así, pronto vivirá con nosotros.
–Papá, yo quería hablar con vos...
–Sí, ¿pasó algo?
Andrés sacó el dibujo. Lo colocó frente a él, como un amuleto.
–Yo quería contarte que desde hace tiempo me siento distinto. Quizá vos ya te diste cuenta o tal vez no. Pero tengo que decirte.
El padre lo miró. Sospechó que lo próximo era irreversible.
–Papá, me gustan las personas como yo.
–¿Era eso? ¡A mí también! Somos tan difíciles.
–No, papá, me gustan los chicos. A eso me refiero.
Su papá hizo un gran silencio. Luego le dijo:
–¡Aquí yo no escuché nada! ¿Me entendiste? ¡Nada! ¡Y se acabó!
Entonces Andrés supo que algo se había roto entre los dos. Su padre ya no lo miraría con los mismos ojos, aunque él seguiría siendo el mismo. Desde ese momento y para siempre, las palabras los iban a distanciar cada vez más, porque ya no era justo, pero sí necesario e imprescindible.
Porque ésa era simplemente la verdad y porque la verdad siempre a alguien le duele y a alguien libera.
Juan Forn Cuando se publicó el famoso reportaje que le hicieron en The Paris Review (aquel que la declaraba, en 1970, "la mejor escritora viviente en lengua inglesa"), Jean Rhys ya tenía ochenta años, una artritis que la encorvaba, la peluca torcida, varios kilos de rímel aplicados con pulso tembloroso, vaya a saberse si por la artritis o el alcohol (a la hora del almuerzo ya estaba borracha, casi todos los días) y cuatro décadas de "abyecta" pobreza y silencio literario sobre sus espaldas, pero en cada una de sus palabras vibraba la que había sido siempre, la única que supo ser, y retratar después en sus novelas: la Belleza Incapaz De Ser Feliz, la Rompecorazones De Corazón Roto, la Angelical Madre De Todos Los Vicios, la Mujer Tóxica. A todos los santos varones se nos ha cruzado en el camino en algún momento, aunque haya llevado otro nombre. Hay una manera inequívoca de reconocerla. Si uno se pregunta embobado, al conocerla: "¿Por qué parece tan infeliz este bombón? ¿Por qué dice que su vida es un fracaso?".
Jean Rhys nació en las Antillas, su padre galés la envió a Inglaterra para convertirla en una dama, pero ella prefirió entrar en el Conservatorio de Arte Dramático, dejó los estudios para escapar con una compañía de teatro itinerante, conoció a un caballero rico que la embarazó, le pagó un aborto y la mantuvo durante siete años (aunque ya la había abandonado), con ese dinero se casó con un espía holandés y se dio la gran vida con él por toda Europa, lo dejó (en la cárcel) por Ford Madox Ford, el escritor, quien también la abandonó, pero antes le enseñó a escribir (mejor dicho, le demostró que sabía escribir). Entre 1928 y 1938, Jean Rhys (pronúnciese yin-rizz) publicó cuatro novelas que le dieron un nombre, incluso una modesta leyenda, y entonces desapareció. Sus libros se agotaron y nunca se reimprimieron, y los pocos que se acordaban de ella la daban por muerta hasta que, veinticinco años después, un programa de radio de la BBC la localizó en Devon y un editor fue hasta allá a preguntarle si había escrito algo en todos esos años; y así fue como, en 1966, Jean Rhys publicó por fin la novelita que llevaba treinta años escribiendo (y tirando, y volviendo a escribir, y volviendo a tirar, tal como había hecho con dos maridos y unos cuantos amantes) y se convirtió, de la noche a la mañana y hasta el día de su muerte, trece años después, en "la mejor escritora viviente en lengua inglesa", sin dejar de ser la infantiloide paranoica autodestructiva que había sido toda su vida.
Algunos ejemplos: aunque la mensualidad que le daba aquel caballero rico que le pagó el aborto alcanzaba para el mejor sector de Chelsea, ella eligió vivir en una zona llamada World's End ("el fin del mundo"). Años después, cuando tuvo un hijo en París con su marido holandés, el niño enfermó de neumonía y debieron dejarlo una noche en el hospital. Cuando volvían a casa ella le pidió a su marido que comprara dos botellas de champagne para levantarle el ánimo. Por la mañana, cuando llegaron al hospital y supieron que el niño no había logrado pasar la noche, se abalanzó contra el marido gritándole: "¡Mi hijo estaba muriendo mientras tú bebías champagne!". Años después, durante la guerra, cuando su segundo marido fue destinado a una base militar en el Norte y se la llevó a vivir en una pensión allá, ella le dijo: "Me es imposible ser pobre con coraje y dignidad. No quiero trabajar, no quiero usar ropa fea, no quiero vivir en lugares lúgubres, soy débil, débil, débil y no quiero cambiar" (el marido moriría, agotado, en 1945). El tercer marido, que le había prometido una vida holgada, cayó enseguida preso por estafa; cuando salió, cinco años después, era una piltrafa y dos piltrafas no podían vivir juntos, decretó ella, así que se lo mandó a su cuñada para que se hiciera cargo. En 1964, cuando finalmente cree que ha terminado su novelita (así se refería ella a Ancho mar de los Sargazos: "My novelette"), viaja a Londres a encontrarse con su editor. El le ha reservado habitación en un buen hotel ("por fin, después de todos estos años"), donde ella hará las últimas correcciones y entregará el original. Pero nomás llegar recibe un telegrama: su marido ha tenido un ataque al corazón en Cornwall. Decide quedarse igual en Londres y, a la mañana siguiente, la que tiene un infarto es ella. Tardará casi dos años en reponerse y terminar las dichosas correcciones. Por fin el libro se publica, en marzo de 1966: el mismo día, su marido muere en un hospicio de Cornwall. Su comentario: "Soy la más débil en todas mis parejas. Sin embargo, los que caen son siempre ellos".
Jean Rhys decía que su vida era un fracaso, y por esa razón dejó inconclusa su autobiografía. Prohibió además que se escribieran biografías sobre ella. Y en sus horas finales obligó a su editor a prometerle que juntaría todas las cartas que había escrito a lo largo de esos veinticinco años de silencio literario y "abyecta pobreza material y espiritual". La idea era impedir que cayeran en manos de la legión de feministas que la idolatraban y querían convertirla en mártir ("No soy feminista. A pesar de lo miserables que han sido los hombres conmigo, no puedo echarles la culpa de lo que soy").
El fiel editor cumplió su promesa, pero cuando se puso a leer el material que había reunido decidió que tenía que publicarlo sí o sí. Ese centenar de cartas, no importa el destinatario ni el momento en que fueron escritas, hablan todo el tiempo del mismo tema: Jean Rhys. Pero, asombrosamente, nunca aburren, ni cansan, ni dan lástima, ni hacen enojar. La lucidez y la honestidad que Rhys nunca puso en su propia vida, las puso al escribir. Hasta conseguir que su vida no importara, porque lo que importaba era otra cosa, como dice ella misma en una de esas cartas: "Escucha. Quiero decirte algo muy importante, así que escúchame bien. Todo lo que escribimos es un lago. Hay grandes ríos que alimentan el lago, como Tolstoi o Dostoievski. Y también hay hilos de agua, como Jean Rhys. Lo único que importa es alimentar el lago. Yo no importo. El lago es lo que importa. Seguir alimentando el lago. Siempre. Eso es lo que importa".
Me despierto en tu cama.
Se que he estado soñando.
Mucho más temprano, la alarma nos separó la una de la otra,
Has estado en tu escritorio por horas. Sé lo que soñé:
nuestra amiga la poeta viene a mi habitación
donde estuve escribiendo por días,
bocetos, carbonillas, poemas están desperdigados por todas partes,
y quiero mostrarle un poema
que es el poema de mi vida. Pero vacilo,
y me despierto. Besaste mis cabellos
para despertarme. Soñé que eras un poema,
digo, un poema que quería mostrarle a alguien...
y me río y vuelvo a soñar
con el deseo de mostrarte a toda la gente que amo,
para movernos abiertamente juntas
en el influjo de la gravedad, lo cual no es simple,
lo cual transporta al césped alado por un largo camino lejos
del elevado viento.
En el amor existe la posibilidad certera de volvernos visibles. Y si el sexo no es tan intranquilizador es porque siempre ha sido mucho más cómodo tenerlo en una cama y entre cuatro paredes. Que todavía esperemos a que se apaguen las luces en el cine para tomarnos de la mano es un signo inequívoco de que la esfera pública sigue siendo un lugar más o menos incómodo para demostrarnos afecto. Por eso, que el año pasado una pareja de gays y una de lesbianas hayan elegido el Día de San Valentín para reclamar en Chile por la discriminación que sufren las minorías sexuales con un maratón de besos que duró ocho horas y que tuvo lugar frente al Palacio de La Moneda, habla a las claras de que en el amor hay una potencia política que es incontenible.

Nota Ernesto Rega
La información que recibimos y que utilizamos para formar opinión –no es novedad– está mediada por los medios de comunicación. El 2008 estuvo plagado de temas de importancia nacional que suscitaron la atención de toda la población por las repercusiones mediatas e inmediatas que pudieran tener. ¿Pero qué hubiera pasado si esos temas tan candentes se hubieran tratado a la luz de una nueva ley de radiodifusión?
Quien fuera el interventor del Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) hasta principios de este año sostenía públicamente que por la cantidad de modificaciones que tenía el decreto-ley de radiodifusión ya no era "de la dictadura". El decreto-ley 22.285/80, firmado por Jorge Videla y todo su gabinete, fue modificado en democracia decenas de veces y paradójicamente en cada una de ellas se profundizaba aún más su condición de decreto de la dictadura. La norma se adaptó así a la dictadura del mercado, permitiendo los monopolios, el ingreso de capitales extranjeros, la propiedad cruzada de medios y la posibilidad de un gran negocio a costa de lo que debería ser un servicio público.
"En uso de las atribuciones conferidas por el artículo 5º del Estatuto para el Proceso de Reorganización Nacional", comienza la norma de radio y televisión vigente. Las modificaciones que tuvo el decreto-ley en democracia no cambiaron el espíritu de la Doctrina de la Seguridad Nacional que todavía expresa en el art. 7.: "Los servicios de radiodifusión deberán difundir la información y prestar la colaboración que les sea requerida, para satisfacer las necesidades de la seguridad nacional". La norma establece también que el organismo de control, el Comfer, debe estar integrado por un representante de cada una de las Fuerzas Armadas y señala que un representante de la SIDE forma parte de una "Comisión asesora". Desde la vuelta de la democracia, hace 25 años, ese organismo está intervenido y es el presidente de la Nación quien designa a su titular. Gabriel Mariotto, el actual interventor, declaró públicamente su voluntad de ser el último interventor.
¿Cuántas batallas ganaría el país con una comunicación democrática? Con un sistema de medios en el que existan muchas voces, en el que coexistan en equilibrio medios comerciales, estatales no gubernamentales y medios sin fines de lucro, que una persona o grupo no pueda tener los medios de comunicación que lleguen al ochenta por ciento de la población, con una ley que entienda a la comunicación como un derecho y no como un negocio. Hasta la declaración de inconstitucionalidad del art. 45 del decreto-ley las entidades sin fines de lucro no podían acceder a licencias de radio y televisión.
En abril de este año el Gobierno sorprendió cuando se reunió con las organizaciones de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, y anunció que se iba a impulsar una ley que reemplazara al decreto-ley 22.285 de la dictadura. La expectativa de muchas organizaciones y comunicadores que luchan hace años por un nuevo modelo de comunicación crecía. Más aún, cuando desde el propio Gobierno se aseguraba (y todavía lo hace) que los "21 Puntos por el Derecho a la Comunicación" presentados en 2004 iban a ser la columna del proyecto oficial. "En junio ingresa al Congreso", se prometió extraoficialmente cuando el conflicto con la patronal del campo estaba en su punto más candente. "El 9 de julio se anuncia", trascendió después. "En agosto", dijeron cuando las retenciones a las exportaciones no eran el problema principal. "Antes de fin de año", aventuraron más tarde. Pasaron la derogación de la Resolución 125, la estatización de Aerolíneas Argentinas y Austral, la "movilidad jubilatoria", la eliminación de las AFJP y la Ley de Radiodifusión sigue siendo una deuda. ¿No se podían haber discutido mejor todos esos temas, de importancia para el país, con una ley de radiodifusión plural y democrática?
Hace semanas la Coalición por una Radiodifusión Democrática volvió a reclamarle a la Presidenta que cumpliera con el compromiso de presentar el proyecto de Ley de Radiodifusión o de Servicios de Comunicaciones Audiovisual, evaluó la posibilidad de presentar un proyecto propio si la iniciativa oficial no ingresaba al Congreso y acordó impugnar cualquier avance en la norma para la Televisión Digital hasta la vigencia de una nueva ley. La Ley de Radiodifusión es "la madre de todas las batallas", declaró el interventor del Comfer en reiteradas entrevistas. La Ley de Radiodifusión es una de las deudas más importantes de la democracia. Y por eso hoy la información sigue siendo una mercancía.
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Sólo el Séptimo Ego permaneció despierto, mirando y atisbando a la Nada, que está detrás de todas las cosas.
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tarde, antes de dejar tu oficina
de la única lámpara amarillo intenso y la ventana que se va oscureciendo
en la lasitud de un edificio fundido al silencio mucho después de la hora pico.
Sé que estás leyendo este poema
parada en una librería lejos del océano
en un día gris del principio de la primavera,
débiles copos arrastrados por los enormes espacios de las planicies a tu alrededor.
Sé que estás leyendo este poema
en una habitación donde demasiado ha sucedido como para que lo soportes
donde las sábanas se enroscan estancadas en la cama y la valija abierta habla de huida
pero todavía no puedes irte.
Sé que estás leyendo este poema
mientras el subterráneo pierde velocidad
y antes de subir corriendo las escaleras
hacia una nueva clase de amor que tu vida nunca permitió.
Sé que estás leyendo este poema
a la luz de la pantalla del televisor
donde imágenes sin sonido se sacuden
y deslizan mientras esperás el noticiero de la intifada.
Sé que estás leyendo este poema
en una sala de espera de ojos encontrados
y que no se encuentran,
de identidad con extraños.
Sé que estás leyendo este poema
con luz fluorescente en el aburrimiento y la fatiga de jóvenes contados,
que se descuentan a sí mismos,
a una edad demasiado temprana.
Sé que estás leyendo este poema
con tu vista debilitada,
los gruesos lentes agrandando estas letras más allá de todo significado
y sin embargo sigues leyendo porque hasta el alfabeto es precioso.
Sé que estás leyendo este poema
caminando por la cocina calentando leche,
un bebé llorando sobre tu hombro,
un libro en tu mano porque la vida es corta y tú también tienes sed.
Sé que estás leyendo este poema
que no está en tu idioma
adivinando algunas palabras mientras otras te hacen seguir leyendo
y quiero saber cuáles son esas palabras.
Sé que estás leyendo este poema
escuchando,
desgarrada entre la amargura y la esperanza
volviendo una vez más a la tarea que no puedes rehuir.
Sé que estás leyendo este poema
porque ya no queda otra cosa que leer
ahí donde aterrizaste,
desnuda como estás.
el bosque que estuvo vacío todos aquellos días,
donde ningún pájaro podía posarse,
ningún insecto esconderse,
y ningún sol podía enterrar su pies en la sombra;
en el bosque vacío de esas noches,
los árboles abundarán por la mañana.
Las raíces se esfuerzan toda la noche
por desprenderse de las grietas
en el suelo de la terraza.
Las hojas se retuercen hacia los vidrios,
pequeños vástagos endurecidos por el esfuerzo
largas y torcidas ramas que se desprenden con dificultad
bajo el techo, como pacientes recién dados de alta,
medio-aturdidos, dirigiéndose
hacia las puertas de la clínica.
Aquí me acomodo. Las puertas se abren hacia la terraza,
escribo extensas cartas
donde apenas menciono el bosque
y su partida de la casa.
La noche está fresca, la luna entera brilla
en un cielo aún abierto.
El aroma de hojas y liquen
llega como una voz a las habitaciones.
Mi mente está plena de susurros
que permanecerán en silencio mañana.
Escucha. Los vidrios se quiebran,
se tambalean los árboles
Hacia la noche. El viento
se apresura a recibirlos.
Como un espejo la luna se ha quebrado
y en la copa del roble más alto
relampaguean ahora sus fragmentos.









